lunes, 8 de agosto de 2016

Artículo: POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE DECIRLE "NO" A TU HIJO

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Los padres de hoy somos “culpógenos” y nos da miedo ejecutar una “autoridad sana”, así lo revela Alejandro De Barbieri, el autor del libro “Educar sin culpa” en entrevista con el periodista Miguel Pastorino.
– La Educación es un tema muy debatido actualmente. Según tu experiencia, ¿cuáles son los principales problemas que enfrentamos hoy?

Enfrentamos varios problemas. Por un lado lo que planteo en mi último libro, citando a Aldo Naouri, es que hace 30 años se educaba sin culpa, nuestros abuelos no esperaban ser queridos por sus hijos. En cambio ahora somos padres “culpógenos”, lo cual lleva a la sobreprotección parental actual, haciendo que nuestros hijos tengan 7 años menos, la edad cronológica no coincide con la edad emocional. Y esto se debe a que los padres con culpa no se animan a decir -cuando sea necesario-, “te dije que no y es no”.

Por otro lado se perdió la alianza implícita que había antes entre los padres y la escuela para educar. Antes el adulto era legítimo frente a sus alumnos solo por ser adulto. Ahora el docente se debe ganar su legitimad en cada hora de clase. Eso se debe a la crisis de autoridad del rol docente.

Entonces por un lado está la familia que claudicó de educar, se ha exonerado y exiliado a los padres en la tarea de educar, quedando los niños huérfanos como dice el escritor argentino Sergio Sinay.

Es nuestra tarea sacarlos de la orfandad y hacer de padres. Pero como eso en general no está pasando, se ha delegado la tarea de educar a la escuela. El niño no entra a la escuela educado en valores, hábitos de vestir, de comer, buenos modales, saludar etc, sino que el docente lo tiene que educar mientras da clase. Esto termina desgastando al docente.

Por eso para mí debemos insistir en trabajar con padres y docentes.

– ¿Por qué es importante frustrar para educar? ¿Cómo se hace?

Al claudicar los padres del rol de educar, no hay adultos. Hay miedo de ejecutar una “autoridad sana”, que es la que siempre que el niño tenga un capricho, puede responder sin miedo: “te dije que no y no, y no me lo pidas otra vez”. Ese es el lugar del adulto, el padre hoy tiene miedo que su hijo no lo quiera y por eso cede al deseo del niño, lo cual es triste porque lo condena a una inmadurez crónica. Hoy se “terceriza” el rol del padre al psicólogo y al docente, condenando a nuestros hijos a la orfandad.

Savater dice que “La autoridad ofrece resistencia pero hace crecer. Si no has tenido resistencia no creces recto, sino reptando… El educador debe ejercer la autoridad, lo que en ocasiones hará que caiga antipático, pero debe serlo porque educar en buena medida es frustrar”.

El niño precisa la autoridad sana del padre o maestro que “frustra” sus impulsos. Si cada vez que mi hijo quiere algo yo se lo doy, entonces le estoy diciendo “pide y se te dará, mi amor” para que me quieras. Eso es falso, porque lo estoy dejando inmaduro. Cuando mañana la vida lo frustre, en un examen en el deporte o en una pareja, su psiquismo estará frágil y no soportará las limitaciones que la vida le presente.

La resistencia nos hace crecer. Carlos Díaz, filósofo español dice: “Educar es cansarse amorosamente”. Ese cansancio amoroso que implica educar actualmente no se realiza, porque el padre/madre llega cansado de su trabajo y no tiene fuerzas para sostener el no.

Si el padre es simpático todo el tiempo no puede “hospedar las frustraciones”. Pero esas frustraciones son necesarias para crecer y para llegar a la felicidad. Si no se frustra no crece y no aprende.

Cuando los padres me dicen “mi hijo es problemático porque no come, o no duerme, o es caprichoso” siempre les respondo: “Tu hijo no es problemático, ese problema es un milagro encubierto. Te está diciendo “por favor mama/papa edúcame, hazme persona”. Ese hacer persona depende del adulto, de los padres y de los maestros. Nadie se hace solo, somos como dice Buber “Yo-Tu”.

Precisamos que el padre salga del exilio para hacer de papá. Estás cansado de tu trabajo pero no de ser papá. Una vez que el padre o la madre llega a su casa comienza a trabajar de padre. Si no hay caprichos, jugamos, cantamos, celebramos la vida juntos. Pero si llego (cansado o no) a mi casa y mis hijas tienen un capricho, una rabieta; mi tarea es ayudar a “hospedar esa frustración” y no ceder al pedido.

– Hoy se necesita un especialista para cada cosa y los padres buscan un equipo interdisciplinario para atender a sus hijos. ¿Es tan necesario? ¿Antes no era más sencillo?

En mi libro le puse a este tema “Consulte al experto”. Porque hoy en día los padres no creen ser los “expertos” en lo que le pasa a su hijo. En parte se debe a esa falta de confianza en sí mismos y por otra parte, porque se ha tercerizado todo en los psicólogos y maestros. Aunque tampoco lo delegan del todo, porque cuando el maestro frustra al hijo, los padres se enojan con los maestros. La experticia debe volver a los padres en hacerse tiempo, para perder o mejor dicho, invertir el tiempo con los hijos, a la hora del almuerzo, de la cena, para charlar y conversar. No puede pasar que los padres lleguen a casa cuando los niños ya se durmieron, -sobre todo en la primera infancia-. Si es así, el padre se pierde una lindísima oportunidad para conocer y seguir alimentando psicológica y espiritualmente al niño.

Los equipos interdisciplinarios son importantes y necesarios siempre y cuando los padres y maestros hayan agotado previamente las otras instancias.

– ¿Por qué cuesta tanto poner límites a los hijos? ¿A qué le temen los padres?

Los padres tienen miedo que su hijos no los quieran, a ese fenómeno, el pediatra Aldo Naouri, lo llama “madres vestales” refiriéndose al padre o madre cuya autoestima se nutre del hijo. Por eso les cuesta soltar y amar sanamente digamos. Si mi autoestima se nutre de mi hijo, ¿cómo le voy a decir que no?
En cambio cuando mi autoestima se nutre de mi pareja, esposa, amigos, adultos, entonces tengo fuerza para sostener los “no” cuando sea necesario.

A mí no me gusta hablar de “límites”. Es una palabra que los padres no la registran. No la registran porque en la consulta nos dicen “yo le pongo límites, pero mi hijo sigue haciendo lo mismo”. Entonces por eso prefiero la expresión de Savater “educar es frustrar”. Ahí lo entienden enseguida.

– Si tuvieras que resumir en un consejo una idea fundamental para los padres de hoy, ¿qué dirías?

Gregorio Luri dice “si usted quiere un hijo feliz, tendrá un adulto esclavo”. Mi consejo es celebrar el milagro cotidiano de estar vivo, buscar ser felices en el presente con proyección de futuro, en el hoy. Contarles a nuestros hijos los felices que somos con nuestra vida, que esa felicidad incluye el sufrimiento.


Adaptado de: La familia.info


lunes, 25 de julio de 2016

Artículo: EDUCAR EL SENTIDO DEL HUMOR



El sentido del humor es necesario en la vida familiar tanto como la disciplina, la educación o los valores.

La risa y el buen humor es la mejor y más barata de las medicinas y combate, cuando menos, el mal humor. Esa primera sonrisa despierta en nosotros la mayor de las ternuras y los mejores sentimientos. Durante toda la infancia, la risa le acompañará y llenará nuestro hogar de uno de los sonidos más bellos. Cabe preguntarnos entonces si, como padres, cuidamos que nuestros hijos cultiven ese maravilloso sentido que es el del humor.
¿Procuramos que aprendan a reírse sin dañar a otros?
¿Cuidamos de que puedan ver en sus errores y en los nuestros una oportunidad de mirar las cosas con perspectiva? ¿Pasamos tiempo con ellos divirtiéndonos?
Las relaciones entre padres e hijos que permiten y dedican tiempo a las diversiones, el buen humor y la risa son más sanas, menos tensas y más cordiales.

El sentido del humor es eminentemente humano:  
Nos permite ver los problemas en su dimensión correcta, ni sobreestimados, ni subestimados. Saber reírnos de nuestros errores y asperezas facilita reconducir situaciones que, de otro modo, aumentarían las tensiones y los conflictos.
La risa es una de las expresiones que más beneficios aporta a la persona:
  • Es la expresión de la alegría.
  • Activa la producción de endorfinas, transmisores químicos que aportan al cerebro alivio y bienestar.
  • Libera tensiones.
  • Provoca una respuesta emocional única orientada a la alegría y al bienestar.
  • Aumenta la captación de oxígeno.
  • Crea un ambiente positivo y cordial.
  • Nos ayuda a poner los problemas en perspectiva.

A los niños les encanta reír, les gustan las bromas, las expresiones de buen humor y la alegría.
A los padres nos es bastante fácil hacerles reír cuando son bebés, pero a medida que crecen y que empezamos a sentir la responsabilidad de su educación,  podemos, poco a poco, alejarnos de las expresiones diarias de alegría con las que nos dirigíamos a ellos cuando eran pequeños.
Nos ponemos perfeccionistas y, llevados por la tensión y el estrés, pasamos la mayor parte del tiempo corrigiendo de forma reactiva o haciendo énfasis en los errores, los conflictos y las dificultades que, dicho sea de paso, son características de seres en continuo aprendizaje y crecimiento.  Nos olvidamos de pasar tiempo con ellos divirtiéndonos.
Dejamos de lado la alegría y el buen humor que tanto nos pueden ayudar en su educación. Y dejamos, por ende, de ser modelos de personas alegres y divertidas, dignas de ser imitadas por nuestro alto sentido del humor.
Conviene recordar que los niños aprenden, sobre todo, por imitación, y cuanto más dignos de crédito son los modelos a imitar, mejor y más duradero será el aprendizaje.

Seamos conscientes de que la alegría y el buen humor también se educan.
A los niños les encanta reír y les encantan las bromas. Las familias que logran pasar tiempo divirtiéndose juntas crean vínculos de relación más estrechos y duraderos. Es conveniente, por tanto, pasar tiempo juntos en actividades lúdicas a menudo. Recuerdo una niña de siete años que, tras un paseo invernal por la playa con su papá y sus hermanos en el que jugaron y corrieron todo el tiempo, al regresar a casa hizo un dibujo que lograba transmitir con enorme fuerza, los intensos momentos de diversión que acababa de vivir.
Los padres podemos enseñar a nuestros hijos a no sobredimensionar los problemas a través del buen humor y la alegría.
En cierta ocasión, tras un largo viaje, un paquete de cacao en polvo se abrió dentro de nuestra maleta de ropa manchándolo todo. En el momento en que lo vimos podíamos habernos quejado y lamentado por la ropa, etc., En vez de eso, empezamos a reír y a ver el lado divertido del asunto, comentando que tendríamos que meter los pantalones en el vaso de leche para aprovechar el cacao, o que tal vez la mejor idea sería vaciar la leche directamente en la maleta y tener un montón de leche chocolateada!!! Nuestros hijos aún recuerdan el incidente con risas y en su momento, lo comentaron con los amigos como algo tremendamente divertido.
A lo largo del día tenemos muchas oportunidades de vivir nuestra relación con los niños de forma alegre y divertida, pero hemos de ser capaces de reconocerlos y de vivirlos sin miedo a que las normas o la disciplina se vean afectadas.
Un padre o una madre divertidos y alegres son tan o más dignos de crédito que aquellos padres huraños y culpabilizadores. De hecho, a nosotros mismos nos es mucho más grato compartir nuestro tiempo con personas de trato alegre y cordial que con aquellas que siempre se quejan o protestan por todo.
Pero lo que hemos de evitar es reírnos de los niños.
Si nos reímos de sus errores, podemos menoscabar su autoestima dado que se encuentran todavía en una etapa inmadura en la que necesitan afianzar la confianza en sí mismos. Frente a un error deberemos primero saber qué opina nuestro hijo de lo sucedido y después podremos ayudarle a ver el lado divertido del asunto puesto que ya conocemos sus sentimientos.
Es recomendable también comprobar el tipo de humor que ven nuestros hijos en los programas de televisión. A menudo se utiliza un humor que daña a los demás para hacer reír.
Es necesario que mostremos a nuestros hijos que, aunque sea divertido, nunca podemos reírnos a costa del dolor producido a otros. Será necesario hacerles ver que a ellos tampoco les gusta ser blanco de risas y burlas por más divertido que les pueda parecer. Este aprendizaje elemental les ayudará a aprender cómo ser divertidos y simpáticos sin perder la empatía (capacidad social básica que nos permite saber cómo se siente el otro y actuar en consecuencia).
 Seamos conscientes de que el sentido del humor nos permitirá ser una familia que acepta la vida tal y como es (¡aunque no se conforme con ella!), aportando soluciones creativas ante situaciones que de otro modo mermarían nuestras relaciones o nuestros estados de ánimo.
Atrevámonos a ser divertidos, seamos capaces de reírnos de nuestros propios errores y de nuestras propias incapacidades mostrando a nuestros hijos cómo crecer y mejorar como personas sin perder el sentido del humor.

Tomado y adaptado de: solohijos.com

lunes, 11 de julio de 2016

Artículo: ADOLESCENTES Y ABRAZOS - UNA COMBIANCIÓN NECESARIA


Si crees que tu hijo adolescente ya no quiere tus abrazos, te equivocas. Los necesita más que nunca aunque no te los pida.

Dan justo en el blanco. Los abrazos dicen: te quiero aunque estemos molestos, entiendo cómo te sientes o estoy contigo sin necesidad siquiera de buscar palabras a esos sentimientos.

El contacto físico se necesita para sobrevivir. Se necesita para comunicar nuestros sentimientos. Para concentrar todo nuestro amor en un segundo, sin necesidad de ponerle palabras. Es la manera más rápida de trasmitir energía y optimismo.

La adolescencia es una etapa difícil, con esa bomba de hormonas que los trae de cabeza y los agota, queriendo crecer y ser adultos para “hacer lo que se les venga en gana sin preguntarle a nadie” y al mismo tiempo queriendo ser niños para no sentir ningún tipo de responsabilidad, agarrar de nuevo sus juguetes y ponerse a jugar por horas, abrazar a mamá, pedirle que les cuente un cuento o los acompañe un rato en la cama a la hora de dormir. El adolescente sabe que una vez iniciado el camino hacia la madurez no hay vuelta atrás, ha empezado un poco a ser adulto y eso lo llena de ilusión y de angustia al mismo tiempo. A veces ve sus juguetes con cierta melancolía y no se atreve a tocarlos, porque no quiere ser considerado de nuevo como niño, pero inconscientemente, extraña todo eso.

Los adultos debemos recordar cómo era ser adolescentes para poder comprender lo difícil que puede llegar a ser esa etapa de cambios y poder ayudar en lo que podamos.

Es una lucha interior tan fuerte que sólo los padres pueden ayudar al adolescente a sobrellevar, pero ¿cómo acercarse sin ser rechazados? Uno grita en silencio por ayuda y el otro lucha desesperadamente por ayudar, pero es difícil para ambos exteriorizar esa necesitad y acercarse por temor al rechazo del otro.

¡Qué bien les caería a ambos un abrazo! Un largo y prolongado abrazo en el que puedan decirse que pase lo que pase, siempre se amarán, que todo lo que sucede es parte de la vida y que todos tenemos que vivirlo en algún momento para crecer y madurar.

Es invalorable lo que puede significar para un adolescente un abrazo que le permita sentir la protección y el amor de su padre a pesar de su rebeldía y coraje, sentir su aceptación a pesar de sus cambios de humor, recordar que siempre serán padre e hijo y que ese vínculo los mantendrá unidos por siempre, pase lo que pase. Es reconfortante saber que después del abrazo pueden soltarse y si vuelven a pelear, el hijo sabrá que su padre siempre estará ahí para protegerlo, consolarlo, ayudarlo y amarlo siempre y a pesar de todo. Abraza. Abraza a tu hijo con la sonrisa, con la mirada, con tus brazos, con tu silencio o con tu respiración. El abrazo de un padre a un hijo adolescente es la renovación de un vínculo y una carga de energía para continuar el camino. Todos lo necesitamos.

Tomado y adaptado de solohijos.com y te.abrazo.com.mx


lunes, 4 de julio de 2016

Artículo: LAS CARENCIAS AFECTIVAS Y SUS CONSECUENCIAS

La carencia afectiva es la falta de cuidados o de atención y protección necesaria en la vida del niño que ocasiona distintas consecuencias según la edad del niño.

Esta carencia puede ser debida a múltiples circunstancias en las que se desatiende afectivamente al niño y las relaciones en las que se interactúa con él.
Posibles causas de las carencias afectivas
En la sociedad que vivimos actualmente, con horarios nada adecuados para la conciliación familiar, son muchos los niños que viven faltos del afecto necesario para que su desarrollo sea correcto. 
Hechos traumáticos como el abandono o el maltrato, o menos traumáticos como en situaciones familiares en las que se da la separación o el divorcio de los padres son factores externos que pueden desarrollar una carencia afectiva en los niños.
Síntomas de la carencia afectiva según la edad y sus consecuencias:
La carencia afectiva afecta a todas las edades, culturas y clases sociales. La evolución de las personas que manifiestan este síndrome depende en gran medida de la situación social en la que se desarrollen.
El tema que nos ocupa es desde la primera infancia hasta la adolescencia:
La primera infancia
Son aquellos niños que lloran para llamar la atención, sonríen poco y son más propensos a contraer enfermedades infecciosas.
  • Suelen aparecer problemas digestivos como estreñimientos, entre otros, aunque pueden remitir con el crecimiento.
En la edad preescolar y escolar:
  • El niño presenta trastornos del lenguaje como pueden ser: problemas de elocución, pobreza de vocabulario, dificultades gramaticales y sintácticas (verbalización).
  • En el plano lógico-matemático suelen ser buenos.
En la edad escolar: 
  • Muchos niños presentan trastornos de aprendizaje, no porque no sea inteligente, sino porque no consigue concentrarse al hacer las pruebas (mentalización), por eso, estos niños tienen frecuentes fracasos y su grado de autoestima comienza a caer.
  • Sentimientos de desvalorización o baja autoestima: el niño niega su valía, se considera como un fracasado.
  • El niño duda de sí mismo en cuanto a despertar afecto o simpatía con pensamientos como: nadie me quiere, no soy amable, lo que me ocurra no le preocupa a nadie, por lo que tiene una importante inseguridad : sentimiento de exclusión,  de no estar en ningún lugar, de molestar o estar de más.
Entre la edad escolar y la pre-adolescencia:
  • El niño presenta trastornos de comportamiento, actitudes de inhibición, de retraimiento, actitudes de oposición y de rebeldía, aunque relativamente sociables y en ocasiones extrovertidos, sienten miedo a sentirse rechazados en un grupo, por lo que tienden a integrarse a toda costa. De aquí la importancia de las relaciones sociales en esta etapa ya que determinará su conducta futura.

En la adolescencia:
  • Los comportamientos extraños y los actos impulsivos son muy frecuentes (hiperactividad).
  • Son personas que se ilusionan fácilmente con lo que les proponen las personas mayores que él.
  • No quieren responsabilidades y son rebeldes con las normas. En esta fase suelen aparecer las primeras adicciones como al alcohol, a las drogas, etc. 
  • Deseo por buscar afectividad continuamente en alguien o algo que les aumente la autoestima
Pequeñas soluciones que marcan grandes diferencias
Si observamos que estos síntomas perduran en nuestros pequeños, ante todo y rápidamente, debemos esforzarnos transmitiéndoles afecto y cariño, hacerles sentir que son amados para que se desarrollen adecuadamente en el plano afectivo, para no encontrarnos con personas egocéntricas, con escasas habilidades sociales y dependientes emocionalmente cuando sean adultos.


Tomado de: Serpadres.es