lunes, 27 de julio de 2015

Artículo: LOS HORARIOS DE LOS ADOLESCENTES EN VERANO

Llega el verano y muchos padres y madres se enfrentan a un reto común: Sus hijos adolescentes quieren renegociar los horarios de vuelta a casa por las noches. Incluso los que durante el curso escolar, no han protestado por la hora fijada para volver a casa, suelen plantear en los meses de verano que quieren salir hasta más tarde.
Muchas veces sus padres no saben qué hacer. Dudan sobre si darles más libertad, tienen miedo de que les ocurra algo, les asusta lo que hacen durante esas horas nocturnas lejos de la familia.
Pero a la vez son conscientes de que sus hijos van creciendo y hay que ir ampliando las cotas de libertad. Y aún más, la frase favorita de los adolescentes: “a los demás chicos y chicas sus padres sí les dejan”, que la mayoría de las veces es verdad.
La cuestión de los horarios es la que más problemas plantea, en general, entre los adolescentes y sus padres. Para los primeros todas las horas son demasiado pronto, para los segundos, al revés, todas son demasiado tarde.
Pero es imprescindible llegar a acuerdos. Hay que conseguir establecer un horario que contente a todos, o por lo menos que no enfade a unos o a otros. Lo que también es cierto es que no hay un horario que sea mejor o peor. En cada caso, en cada familia y con cada adolescente el mejor horario será distinto. Lo que deben hacer los padres y las madres de los chicos y chicas a esa edad es encontrar el adecuado para ellos.

Qué se debe tener en cuenta a la hora de fijar el horario del verano?
• La edad. Lo primero a tener en cuenta es la edad del adolescente. No es lo mismo un chico o una chica de catorce años que uno de dieciocho.
• La madurez del adolescente. Además de la edad es importante tener en cuenta la madurez de nuestros hijos. Tampoco es igual una chica de quince años que sea muy madura que otra de la misma edad que sea aún muy infantil. En el primer caso es más seguro dejarle más libertad que en el segundo.
• El grado de responsabilidad. Aunque generalmente el grado de responsabilidad va unido a la madurez, puede ser que no sea así. Por eso es imprescindible que tengamos en cuenta si nuestro adolescente ha dado pruebas de ser un chico o una chica responsable. En ese caso, podemos estar más tranquilos a la hora de dejarle más libertad.
• El lugar. Es importante que sepamos el lugar al que va a ir y que lo conozcamos, sobre todo cuando se trata de adolescentes más jóvenes. De ese modo podremos valorar adecuadamente los posibles riesgos que existen y fijar una hora que sea más segura para nuestro hijo.
• Los amigos. También es fundamental que conozcamos a los amigos con los que va. Si son conocidos y confiamos en ellos, es otra garantía más que nos permitirá alargar el horario.
• Su seguridad, no tu tranquilidad. El análisis de todos los factores anteriores permitirá a los padres hacerse una idea clara de los posibles riesgos que puede correr su hijo o hija si está fuera de casa hasta determinadas horas. Y una vez conocidos esos riesgos, es conveniente que la decisión de establecer una hora de llegada concreta la tomemos por su seguridad y no exclusivamente por nuestra tranquilidad.

Qué negociar con los hijos?
A la hora de establecer el horario de vuelta a casa debemos negociar con los adolescentes todo lo que creamos oportuno para su seguridad: que nos llamen por teléfono para que sepamos dónde están, que no se separen de sus amigos, que no se vayan con desconocidos… cualquier cosa que nos parezca importante para que estén seguros debemos hablarla con ellos y explicarles claramente lo que esperamos que hagan. También es imprescindible que hablemos de las consecuencias que tendrá si no cumplen las normas que hemos fijado. Un buen consejo es que ese castigo esté de acuerdo con la importancia de la falta. Es decir, que no es lo mismo que lleguen diez minutos tarde que lo hagan tres horas después de la hora fijada para el regreso.

Y después de verano, qué? 
Algunos adolescentes pretenden después del verano seguir con los horarios que han tenido durante este tiempo. Generalmente, sus padres piensan que eso no es una buena idea y suele ser así. Cuando comienza el curso escolar es necesario que los adolescentes descansen y por eso los horarios de verano no suelen funcionar. Lo que sí pueden hacer los padres es alargar un poco el horario del curso anterior. De esa forma, poco a poco, aumentará la libertad de nuestros hijos con responsabilidad, pero sin interferir en su bienestar.

Tomado y adaptado de about.com


lunes, 13 de julio de 2015

Artículo: CÓMO EVITAR QUE TU HIJO SE ABURRA



El aburrimiento se produce porque los niños modernos se acostumbraron  a depender de estímulos externos para divertirse. Además, estos estímulos - como la televisión, el ipad, los teléfonos - son pasivos y normalmente no requieren que el niño desarrolle su imaginación, ni tan siquiera pensar por sí mismo.
Cuando los niños tienen demasiados juguetes y estímulos externos, no desarrollan la capacidad de introspección  ni los recursos internos que les permiten encontrar formas de entretenimiento intelectual e incluso artístico.
Cómo evitar que se aburra:

1.    Evita llenarle cada hora del día con actividades planificadas. Permítele que decida por sí mismo cómo entretenerse. Pon a su alcance lápices de colores, papel, pegamento y tijeras para niños (cuando tenga edad de usarlas), para que pueda hacer manualidades. Inicia la actividad con él si es muy pequeño, y luego déjalo que continúe solo.

2.    No uses la televisión como canguro. Es una gran tentación dejar que los niños miren televisión durante horas, sobre todo en vacaciones y fines de semana. Los niños que consumen mucha televisión leen menos y tienden a la obesidad. Limita el tiempo de ver televisión cada día.

3.    Enséñale a apreciar la lectura. Un niño que aprende a amar la lectura no se aburre. Eso sí, llévalo a menudo a la biblioteca o librerías para que siempre tenga a mano títulos distintos. Suscríbelo a revistas propias de su edad, que tengan ilustraciones o juegos y adivinanzas.

4.    Ayúdalo a desarrollar su imaginación.  Hay niños que fabrican sus propios juguetes e inventan juegos. Enséñale a hacer muñecos recortables, a jugar con papel y lápiz, a inventar juegos de memoria, rompecabezas con revistas o simplemente juegos de aventura.

5.    Evita que tenga demasiados juguetes. Si tu familia y amigos le regalan muchas cosas, guarda los regalos y dáselos poco a poco, o dónalos a familias necesitadas. Si tiene edad para comprenderlo, llévalo contigo al centro de donación. Cuando tienen demasiados juguetes, los niños no aprecian lo que tienen y les cuesta elegir entre tantas cosas.

6.    Ayúdalo a desarrollar una afición. Inscríbelo en clases de natación, de música, de pintura o cualquier otra cosa. Además puedes poner  a su disposición los medios y materiales para que pueda hacer un proyecto: un collage, una casa de muñecas o un carrito de cartón, un libro.

7.    Déjale que se aburra. Eres su madre, no su bufón. Sugiérele actividades, pero no le des siempre la solución, ni te sientas culpable porque tu hijo se aburre. Si le permites que use el aburrimiento como catalizador para encontrar una actividad interesante y quizá educativa, será más autosuficiente y feliz.

Tomado y adaptado de about.com

domingo, 14 de junio de 2015

Artículo: LÍMITES CON AMOR


LOS LÍMITES
Es un tema que se nos presenta a diario y muchas veces no tenemos en claro por qué deben existir los límites, para qué y qué consecuencias generan, la justa y correcta aplicación a tiempo de los mismos. Si bien podemos exponer el tema de “Los Límites” desde diferentes contextos de nuestra vida, en ésta oportunidad nos referimos a los límites y a su aplicación en la educación a nuestros hijos.

¿QUÉ SON LOS LÍMITES? SU IMPORTANCIA

Son reglas que regulan el comportamiento. Suponen
• Contener
• Guiar,
• Proteger,
• Prevenir,
• y ... No sólo sancionar.

La Crisis de Autoridad en la Familia:
El manejo de autoridad de nuestras familias hispano-hablantes ha sido tradicionalmente autocrático. El padre y la madre imponen las normas, ellos corrigen y castigan o premian. Pero el padre es el que tiene la última palabra, en él reside la responsabilidad económica y social y moral de la familia. Este es un modelo que ha funcionado durante siglos y todavía funciona en muchas familias. ¿Cuáles son las ventajas del estilo autocrático? El poder y la responsabilidad están concentrados en el padre y la madre, no se comparten con los hijos; es una manera rápida y económica de manejar la familia, siempre y cuando los hijos sean obedientes o sometidos.

¿Y cuáles son sus desventajas?
En una familia con un estilo autocrático, los niños aprenden a obedecer y/o rebelarse, sin embargo no hay lugar para la participación y cooperación. Es un estilo que no promueve la verdadera fortaleza emocional y espiritual, ni la responsabilidad, y el tipo de liderazgo que los niños aprenden es un liderazgo opresor y no uno que invita la iniciativa y la creatividad del grupo. Los niños crecen en un ambiente autocrático y tienen dificultad para ajustarse al mundo moderno.
Hay  familias donde éste estilo autocrático ha dejado de funcionar y los padres no han encontrado todavía la manera para que los niños asuman sus responsabilidades, sean obedientes y cumplan con las normas de la familia. Son familias donde nadie está contento y donde hay mucha tensión o “stress”. En ellas surgen constantemente pequeñas crisis de autoridad y los padres no saben que hacer, porqué sienten que están perdiendo el control sobre los niños y temen perderlo completamente.

Lo primero que podemos decir es que:
Las crisis son buenas y son sanas, siempre y cuando tengamos la fortaleza de encararlas y examinarlas. Son buenas porque nos obligan a darnos cuenta que la familia no está bien y son sanas porque nos obligan a actuar, a cambiar.

¿Cómo cambiar cuando hay crisis de autoridad en la familia?
El cambio que proponemos es un cambio hacia un manejo más democrático de la disciplina en el hogar.
No hablamos de una ausencia de normas, ni siquiera una disminución de normas. A lo que nos referimos es que en vez de que las normas vengan impuestas desde arriba, por los padres, estas normas van a surgir de los diferentes miembros de la familia, de los miembros que las tienen que cumplir.
Es decir, que compartamos el poder y la autoridad con nuestros hijos que la familia ha tradicionalmente colocado en los padres. Si las responsabilidades y las normas son discutidas y no impuestas, los niños se van a sentir co-responsables, se van a sentir muy importantes, se van a sentir tomados en cuenta y van a estar listos para asumir sus responsabilidades.
A través de éste sistema, nosotros, los padres, estaremos promoviendo la cooperación de nuestros hijos, su auto responsabilidad, su iniciativa, la comprensión de las necesidades de las normas, la comprensión de la necesidad del respeto hacia el otro, respeto por su espacio y respeto por su tiempo.
El ser humano logra bienestar si, en sus relaciones consigo mismo y con los demás, se mantiene en esos límites , moviéndose con libertad en ellos. En cambio, si despliega una búsqueda de sí o de los otros, creando objetivos y expectativas fuera de esos límites personales, se siente mal. En tal caso, sus capacidades y aptitudes de ser intentan sobrepasar su realidad. Entonces, vive una fantasía o bien sufre la angustia y frustración de no alcanzarse a sí, ni comprender a los otros.

Tenemos que perder el miedo a limitar a los niños.
• Limitar no es aniquilar.
• Limitar es dar vida, si lo hacemos adecuadamente.
El gran peligro reside en ver en el límite sólo su aspecto negativo-empobrecedor: lo que nos quita y nos prohíbe.

LOS LÍMITES SON EDUCATIVOS

• Porque ayudan al joven a salir de su narcisismo y a prepararse para amar. “Cuando la madre le pone una condición: “te dejo ver los dibujitos si ordenás el cuarto” o plantea una renuncia o un sacrificio por amor “no pidas este juguete porque papá anda con poca plata a pesar de todo lo que trabaja”: Esto hace que el hijo/a deje su narcisismo (al quererse a sí mismo/a por sobre todos los demás) y vaya aprendiendo el verdadero amor vinculado desde sus primeras relaciones afectivas. Reconocer el deseo del otro es uno de los rasgos más importantes de madurez.

• Porque ayudan a la persona a desarrollar la aceptación de la ley y el respeto a la autoridad legítima. “No puede haber socialización ni verdadero sentido de la justicia si no se renuncia al principio del propio placer y al interés egocéntrico”. El deseo o el principio del propio placer tiene sus propias leyes. Su consigna es: ¡“Quiero todo Ya!..!“ El límite pone fin a esta fantasía de ilimitación y omnipotencia. Así, los límites nos ubican en la puerta de la satisfacción más profunda de la persona. Si el niño o el adolescente permanecen en un estado de ilimitación, de satisfacción espontánea de sus continuas demandas, nunca llegarán a la madurez humana. En ese caso, no hay educación sin una adecuada dosis de frustración. Porque toda educación supone la reducción del deseo y de la fantasía de omnipotencia.

• Porque al limitarnos la realidad, aunque nos pese, no somos omnipotentes. Y es bueno ir vislumbrando ésto desde chicos. La realidad no es tan manipulable como los niños o los adolescentes pretenden desde su pensamiento mágico y egocéntrico. La vida muchas veces nos dice “no” y, si no sabemos aceptarlo, vivimos resentidos. Por ello la educación tiene que llevar a la persona a comprender y aceptar que no todo saldrá siempre según su deseo, que no siempre logrará lo que se propone. Esto se denomina tolerancia a la frustración y es un rasgo fundamental de la personalidad madura. Quien no lo adquiere será un caprichoso consentido, aunque tenga 40 o 65 años. “Entonces, cuando papá dice “basta” o “no hay más” o “esperá un ratito” o “hasta acá”, de algún modo está funcionando como un representante de lo real para ese hijo; le está adelantando situaciones que tendrá que experimentar, lo está ayudando a ubicarse”.

El establecimiento de límites es esencial a la hora de educar.

Para poner un límite generalmente la gente piensa que se requiere ejercer violencia, agresividad y por tal motivo suele esperar hasta que la situación estalle. Mientras tanto los límites se van poniendo flojos, elásticos y parece que no existen. Esto causa mucho desconcierto a las personas que dependen de nosotros, especialmente los hijos.
La palabra clave es firmeza, y la firmeza tiene que ver con la seguridad interna, con autoestima.
Mucha gente confunde esta seguridad con estar enojados y la única forma de poner límites es enojándose.

SABER PREVENIR

El ejemplo que se les brinde dentro de la familia será decisivo para la construcción de sí mismos.
- Si se los escucha en sus necesidades, podrán estar atentos a las necesidades de los demás.
- Si se los trata con hostilidad, la misma actuará como un “boomerang”, en detrimento de las relaciones familiares, sociales y de su propia persona.

EL LÍMITE ES EL VALOR IDENTIFICADOR DE CADA PERSONA,  ES SU “NOMBRE”

Algo está bien definido cuando sabemos lo que es y lo que no es. Una persona tiene una identidad definida cuando sabe quién es y quién no es, cuando sabe lo que piensa, siente y quiere. Pero al mismo tiempo, sabiendo ésto sabe lo que no piensa, lo que no siente y lo que no quiere, lo que no puede y lo que no debe. Sabe quién es, qué lo diferencia de los otros, y no se confunde con ello. Esto le da conciencia de su identidad . Esto le da unidad y le permite reconocerse y moverse adecuadamente en su ámbito.

Para ver con mayor claridad por qué los límites le dan identidad a la persona, nos detendremos a analizar sus dos funciones, a las que llamaremos negativa y positiva. La negativa es aquélla por la cual el límite nos recorta algo, como si nos quitara o nos empobreciera, privándonos de lo que es nuestro. Podemos decir, en referencia a esta función, que el límite restringe el deseo, distinguiendo la realidad de la fantasía. Por su parte, la función positiva es la que constituye, la que dice lo que se es, la que establece quiénes somos ante los otros.

Ambas funciones del límite, actuando simúltaneamente, nos dan la identidad, nos definen como personas y nos ubican en la realidad, porque nos permiten saber quiénes somos y quiénes no.
En sus relaciones sociales actuales y futuras, los niños tienen que reconocer y valorar su propia identidad y la de los demás. El amor sólo es posible entre dos personas, dos seres con su propia identidad. Sin identidad no hay amor sino sometimiento y posesión.


PONER LÍMITES A UN NIÑO SIN LASTIMARLO ES AYUDARLO A CRECER

La mayoría de las personas piensa que la negación acompañada de un grito son dos aspectos indispensables para la disciplina; pero debemos comprender que la autoridad debe emanar de la razón y, en éste caso, la disciplina va de la mano con la autoridad, así que no hay que confundirla con los gritos.
“Cuando una persona grita se siente insegura, puede que en un momento dado sea obedecida, pero va a generar miedo y temor y va a hacer que el niño obedezca de una manera heterónoma. Esto quiere decir que mientras existan las presiones o amenazas, el niño obedecerá, pero cuando esté sólo, no va a aprender las normas o disciplina. Con gritar, ya perdiste. Tampoco debemos golpearlos. El castigo debe ser directamente relacionado con la falta que se cometió, que sea no sólo para reprimir, sino para formar. Recordemos que si bien los golpes no son recomendables, hay otras formas de educar a los niños sin necesidad de éste tipo de actitudes. La disciplina es un todo y a veces la vemos como si fuera una represión o autoritarismo, y el padre no debe caer en ello, sino tener una autoridad que devenga de la organización del hogar.
Por ejemplo, si yo digo que mis hijos se tienen que dormir a las 10,00 de la noche todos los días, así va a ser, salvo cuando haya un hecho relevante, como podría ser un cumpleaños, entonces puedo ser flexible. Pero también deben tomarse en cuenta las reglas que se van a poner para que éstas se cumplan sin ser violadas después. Esto quiere decir que si yo les digo a los niños que deben dormirse a las 8,00 de la noche, voy a tener problemas porque a esa hora apenas estamos llegando de trabajar, pues no se va a cumplir.

Por eso cada familia tiene sus propias reglas, el peligro de ahora es que los padres se olvidan de imponerlas, y con eso de que no les puedes pegar ni gritar, se van al otro extremo, los dejan sin reglas y sin autoridad o disciplina. Lograr imponer reglas es difícil, pero hay que recordar que los extremos son malos; aquí es donde entrará la habilidad de los padres para negociar la situación.
Lo que pasa es que a veces, los padres se sienten culpables y les dan todo y cuando las cosas se salen de los límites, sigue la agresión. Lo que hacen los gritos es infundir temor y desorganización al niño. Además, alguien que te grita no te inspira respeto, sino temor. Y en un momento dado, cuando los hijos tengan edad, también te van a gritar, y cada vez más!!!!

PONER LÍMITES DESDE LA SABIDURÍA

-Poner límites a los niños les da seguridad
-Tener claros los límites que quieras ponerle a tu hijo. No importa lo permisivo o autoritario que seas, cada uno tiene su estilo, pero donde decidas ponerlos manténlos.
-Ante una situación especial en que de antemano sepas que no vas a poderlos mantener y tu hijo va a “ganar” su batalla, no los pongas, para que no esté en entredicho tu autoridad.
-Poner los límites con cariño, con cordialidad. “Esto no puede ser porque no es bueno para tí”


CONCLUSIONES

LOS LÍMITES DEBEN SER: CLAROS- CONCRETOS- CONCISOS-
CUMPLIBLES Y CONGRUENTES
PARA PONER LOS LÍMITES SE REQUIEREN 3 PASOS:
SE HABLA- SE LES RECUERDA – SE ESTABLECEN CONSECUENCIAS
EXISTEN 2 CARACTERÍSTICAS BÁSICAS PARA PONER LÍMITES:
FIRMEZA Y CERCANÍA


EL LÍMITE CORRECTAMENTE APLICADO PRODUCE SUCESIVAMENTE:
• Autonomía (comienzan a valerse por sí mismos)
• Libertad (se les puede dar mayor libertad si se comportan adecuadamente)
• Auto-disciplina ( pueden desarrollar actividades sin necesidad de presiones externas, esto es fabuloso, es un regalo para toda la vida)
• Auto-control (les permite medirse, y no caer en excesos)
• Rigor interno (les permite levantarse y seguir adelante)

Al poner límites a tiempo protegemos a nuestros hijos de alcoholismo, drogas y comportamientos delictivos. Nos protegemos a nosotros al enseñarles respeto, orden, cuidado, generosidad.....en forma congruente y con afecto.

No todos los niños son iguales, ni se trata de estandarizarlos, se trata de ayudarlos a encontrar su mejor potencial.

Para finalizar
Insistimos en el respeto, calidez, afecto, atención y aceptación hacia tus hijos. La comprensión, la cercanía, permitirles expresar sus sentimientos de miedo, alegría, tristeza, enojo y afecto. Poner límites no significa impedirles que se expresen, es enseñarles a hacerlo en forma adecuada. Para hacer ésto se requiere de mucha paciencia, mucha constancia, trabajo personal (para no engancharte), amor y dedicación.
Y de ésto se trata el ser padre y madre!


Tomado y adaptado de: http://www.clavedevida.com.ar

sábado, 23 de mayo de 2015

Artículo: EL MANEJO DE LA FRUSTRACIÓN EN NUESTROS HIJOS

Frustración y Aprendizaje
En el camino de criar niños felices, solemos tropezarnos con la piedra/roca de creer que debemos evitar a nuestros niños toda infelicidad.
Como padres, no nos han entrenado para ver/acompañar a nuestro hijo en su sufrir, nos parece natural consolarle en los brazos y nos obligamos a crear estímulos gratificantes que les cubran su dolor, o por el contrario les restregamos su error con el fin de “fortalecerlos”.
Con la mejor de las intenciones, les arrancamos sonrisas aún con los ojos aguados y perdemos maravillosas oportunidades de crear resiliencia en ellos.
Resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos.

Cada día, los niños tienen miles de oportunidades de sentir frustración y enojo, ellos están en el proceso de comprender el mundo y sus propias limitaciones:
“No corro tan rápido como deseo”
“El vecino no me presta el juguete que quiero”
“Esa piedra está donde no debería y me hizo caer”
“Esa pieza de lego no encaja como lo imaginé”
“El reloj corre muy rápido cuando juego y muy lento cuando espero”
“No me invitaron a la fiesta del viernes”
“La pelota pego contra la portería y no hice gol”
“El lápiz no sigue las instrucciones y quedó torcido el dibujo”
Cada uno de estos y otros pensamientos, es una oportunidad de aprender a caer y levantarnos, de asumir nuestras limitaciones y responsabilidades de los sucedido, de crear soluciones y ser creativos para lograr resultados, pero las dejamos ir entre los dedos con frases comunes como:
“Cómo dices que no corriste rápido, parecías una gacela!”
“Tú no siempre compartes, entonces no te quejes”
“Piedra tonta, hizo caer a mi hijito”
“Ven te pongo yo la pieza de lego”
“No tienes por qué aburrirte, mira todos tus juguetes”
“Esa fiesta será muy mala… y el viernes tú y yo nos vamos a cine”
“Pues te toca entrenar más hasta lograr los goles”
“Pero si te quedó divino el dibujo”
Estos estilos de respuesta, rescatan a nuestros hijos de la situación, ya sea minimizando su dolor, creando distracciones al mismo o dándoles instrucciones de cómo evitar sus penas.
Cada desafío en la vida de nuestros hijos, es una lección de la vida para crecer, así que acompañarlos, empatizar con su sentir, y permitir que ellos mismos hagan el análisis de lo sucedido y creen sus estrategias para resolverlo es una gran herramienta de vida.
“¿Qué crees que pasó?
“¿Cómo te sentiste?”
“¿Cómo lo puedes evitar?”
“¿Qué harás mañana si te pasa igual?”
“¿Cómo lo puedes solucionar?”

Debemos evitar preguntas acusadoras como “¿Quién hizo esto?” ó “¿Por qué lo hiciste?”, pues inmediatamente se interrumpe el flujo de comunicación.
No es fácil abrazar a un hijo que sufre, pero permitirle crecer y aprender es también una forma de mostrar respeto, respeto por sus capacidades de sobreponerse y salir fortalecido.
¿Cómo logro que un episodio frustrante, sea un momento de aprendizaje y creación de resiliencia?
La respuesta es simple, CONFIAR.
Confiar en que nuestros hijos podrán lidiar con sus sentimientos y crearán estrategias para resolver sus conflictos, confiar en la vida que le trajo ésta experiencia con un propósito, confiar en nuestro poder de permanecer al margen.
Cuando los padres, por el contrario, ante estas oportunidades de vida rescatamos a nuestros hijos, les robamos maravillosas oportunidades de crecer.
Cuando, usando el mismo ejemplo, decimos algo como “No te preocupes, yo lo hago por ti”, o “No es nada, no te preocupes”, estamos dando el mensaje al niño de que él no puede solo, que no confiamos en sus capacidades,  pero también le estamos diciendo “No tienes que intentar nada… yo lo haré por ti”.
Así los niños compran el mensaje de que siempre otro les hará las cosas, de que es angustiante tomar riesgos, de que el mundo no requiere de esfuerzo ó de que él no está hecho para luchar y sobreponerse.

Así como cuando mi esposo, mi mamá o mi mejor amiga, está viviendo un proceso frustrante, así mismo acompaño al niño en el proceso de frustración. Entonces además genero una gran oportunidad de enseñar empatía, valentía, coraje y persistencia.

http://abrazarte.org/2013/10/28/3485/