jueves, 23 de marzo de 2017

Artículo: COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS



Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales… lo es aún más la comunicación en la familia...


La comunicación nos sirve para establecer contacto con las personas, para dar o recibir información, para expresar o comprender lo que pensamos, para transmitir nuestros sentimientos, pensamientos, ideas, experiencias o información, y para unirnos o vincularnos a través del afecto y de la empatía.

Cuando en una familia existe una buena comunicación, seguramente se puede afirmar y notar que hay compañerismo, complicidad y, un ambiente de unión y afecto, pero, sobre todo hay respeto mutuo y valores bien asentados.

Crear este clima de buena comunicación en la familia, no es una tarea tan fácil y hay que ayudar a los hijos a comprenderla y aplicarla con prácticas sobre el terreno, con consejos educativos y con el ejemplo.
Es fundamental, que como padres introduzcamos en el seno familiar, los mecanismos necesarios que faciliten una buena comunicación entre los miembros de nuestra familia,  por ello es imprescindible que sepamos escuchar, hablemos con el corazón, manténganos una actitud asertiva y mostremos  empatía,  promoviendo de ésta manera  un buen clima de diálogo en casa.

Estos son algunos pequeños consejos que pueden mejorar y facilitar la comunicación, la confianza  entre padres e hijos:

- Al dar una información, busca que siempre sea de una forma positiva. 
- Obedecer a la regla de que "todo lo que se dice, se cumple". 
- Colocarnos en el lugar del otro. Mostrar empatía. 
- Dar mensajes consistentes y no contradictorios. 
- Escuchar con 
atención e interés. 
- Crear un clima emocional que facilite la comunicación. 
- Pedir el parecer y la opinión a los demás. 
- Expresar y compartir sentimientos. 
- Ser claros a la hora de pedir algo.

Adaptado de: http://www.guiainfantil.com/educacion/familia/comfamilia.htm

miércoles, 15 de marzo de 2017

Artículo: NIÑOS DESOBEDIENTES... ¿QUÉ PODEMOS HACER?

 
Prevenir que un niño sea excesivamente desobediente o encauzar al niño que ya lo es está en manos sólo de los adultos.

Los niños desobedientes desesperan a los padres y son fuente de disgusto familiar. Claudia Quiroz, psicóloga del centro Crece, nos da pautas para ayudar a nuestros hijos a hacernos caso.
Los padres, abuelos y educadores somos los “Pepe Grillos” de los niños; inicialmente, hay que acompañarles y corregirles y luego, a medida que van madurando, nuestra función es intentar describir, explicar y ayudar al niño a ser consciente de las consecuencias de sus actos. Todo esto, con el fin de ayudar a nuestros niños para que poco a poco vayan desenvolviéndose de manera más segura e independiente.
Este proceso se va a ir dando poco a poco.  La desobediencia es normal en todo este proceso. El niño está descubriendo los límites del entorno, diferenciando lo que es correcto de lo incorrecto, lo que se puede y lo que no se puede hacer. Pero el niño no puede encontrar solo estas respuestas, los adultos le tenemos que guiar y ayudar.
Muchas veces los adultos tendemos a decir, “qué desobediente es este niño”, cuando el niño está inmerso en el disfrute de la exploración y descubrimiento. ¿De verdad es eso ser un niño desobediente?
Con esto lo que quiero que tengan presente es que  cuando son pequeños, no tienen como motivación el incomodarnos, sino el explorar a través de sus sentidos; y dejar que lo hagan, dentro de ciertos límites, es sano para el desarrollo de su autocontrol.
A partir de los 3 años comienza la etapa de la comprensión de palabras y oraciones, y cambia nuestra manera de comunicarnos con los niños.
Si queremos educar a nuestros hijos de esta edad y hacer que nos comprendan, las frases deben estar enfocadas de manera afirmativa, ya que esto les permite comprender mejor los acontecimientos. Por ejemplo: en vez de decir: “no tires tus juguetes, o tus zapatos”, es mejor decirle: “deja los juguetes en la caja, o dáselos a mamá”. Cuando el niño hace lo que le pedimos, siempre hay que acabar con un elogio, como “muy bien”.
A esta edad el niño será mucho más receptivo que en etapas anteriores, comprenderá que ha dado alegría a mamá y a papá y se sentirá feliz y querrá volver a lograr ese momento, y por ende, tenderá a repetir la acción. 
Cognitivamente, los NO, solo se comienzan a entenderse a los 3 años.
Una manera, de hacer que el niño aprenda a seguir instrucciones y posteriormente incorpore el concepto de obedecer, es hacer hincapié en explicarle que los adultos son los que deciden, ya que él está bajo el cuidado de ellos.
Para ello, es importante que estos adultos, ya sean los padres o abuelos, sean coherentes, firmes y afectuosos en el momento de enfrentar diversas situaciones y pongan los límites in situ manteniendo la calma.
Recuerde que la coherencia es la base del respeto y da seguridad a los niños.
Es muy importante mantenerse como un bloque frente a los niños, es decir: tanto papá como mamá son los que tienen la autoridad de crear los hábitos, y por lo tanto no se debe devaluar a ninguna de estas figuras frente al niño.
A partir de los 5 o 6 años , aún es momento de acompañar a los niños en sus razonamientos. A esta edad, es muy positivo hacer que el niño verbalice las posibles consecuencias de sus actos. 
El niño es más consciente y tiene capacidad de razonar el por qué y para qué de las cosas.
De esta manera, los niños van aprendiendo a respetar las rutinas y adquieren poco a poco disciplina en sus actividades, lo que va acompañado de la validación, respeto y consideración a lo que los adultos piden y de su seguridad.

Un niño seguro y con buena autoestima fortalecerá su personalidad, será positivo y feliz, afrontará mejor las pequeñas frustraciones y se adaptará mejor al mundo que le rodea.

Tomado de: Serpadres.es


martes, 7 de marzo de 2017

Artículo: PELEAS ENTRE NIÑOS. ¿CUÁNDO Y CÓMO ACTUAR?

Los niños se pelean entre sí y a través de esas peleas aprenden a reconocerse a sí mismo y a los demás, descubren el sentido del límite, a cometer errores, sobrellevarlos y corregirlos.
Lidiar con los hermanos, compañeros y amigos es una parte importante de la difícil tarea de crecer. Aprender significa que uno no está solo en el mundo, que a veces es necesario hacerse a un lado y dar paso, o que hay que luchar para hacer valer su opinión y su propia voluntad.
Hoy en día se considera que los conflictos entre los niños es una gran contribución orgánica para su desarrollo personal, adquisición de autonomía y desarrollo de capacidades relacionales en base a los logros personales.
Un niño que no ha tenido la posibilidad de discutir / disputar puede convertirse fácilmente en un adulto con dificultades para reconocer la diferencia entre la violencia y la legítima necesidad de expresar sus opiniones para explicar situaciones de conflicto, y para abordar los problemas en una relación constructiva.
Aunque a los padres nos gustaría estar siempre al lado de nuestros hijos para poder ayudarlos en todo lo que sea necesario y guiarlos para que no se equivoquen, esto no siempre podrá ser así. A medida que los hijos van creciendo se van haciendo más autónomos y empiezan a tener su tiempo, su mundo y su entorno; y aunque como padres seamos parte de su mundo,  él tendrá que saber cómo defenderse de las demás personas. Es por ello que aunque no estés delante de los problemas que puedan tener, lo que sí puedes y debes hacer es enseñarles a defenderse.

Son muchos los padres que sienten malestar cuando le pegan a su hijo o se les agrede verbalmente. ¿Hay que intervenir? ¿Es mejor no hacer caso para que aprenda  a defenderse solo? Debes saber que si alguna vez te encuentras en esa situación, tu decisión,   actuación e intervención será el modelo y ejemplo a seguir de tu hijo.
Sólo si tu hijo es pequeño, se recomienda intervenir para ofrecerle seguridad (cuando son muy chiquitos necesitan la guía del adulto para poder aprender habilidades a través de tu modelaje y así crecer).  Acercarse al lugar del conflicto y guiar el proceso sin enfadarse, humillar o lastimar al niño agresor, simplemente dando estrategias de diálogo o retirada.
Por ejemplo retirando a tu hijo del lugar diciendo “Dile a este niño que no te gusta que te peguen porque no se debe pegar ” y luego se retiran del lugar. Después deberás ofrecerle protección y consuelo a tu hijo.
Con ésta actuación no sólo le estás enseñando a no pegar sino algo mucho más importante  y es que no debemos soportar ni aceptar ningún tipo de agresión, ni verbal ni física y  que hay estrategias pacíficas para no responder a la violencia con más violencia.

Si tu hijo es pequeño y no se interviene en una situación de agresividad es como si se estuviera permitiendo y apoyando la violencia y eso es algo que totalmente inadmisible. 

Las expresiones de violencia por parte de los niños y que podemos evidenciar en sus juegos y comportamientos, generalmente provienen de un conductas aprendidas en etapas más tempranas.
Nunca hay que olvidar que el ambiente familiar, es nada más ni nada menos que el molde para determinar, en gran parte, la conducta final del niño. Si en ese molde presencia violencia,  en su propio molde que esta a medio armar, también estará presente la agresividad y violencia.
Los niños aprenden a comportarse observando el mundo que lo rodea, desde sus padres, hermanos, hasta la misma televisión. Por esa razón es importante dar buenos ejemplos y controlar  no sólo nuestra conducta como padres y la de nuestros familiares sino también lo que se mira en los distintos medios. La ansiedad, el aburrimiento y el exceso de televisión (sin control de lo que se mira), propician la violencia.
Pero es muy importante tener en cuenta que de la misma forma en que se absorbe la violencia, se puede absorber formas más constructivas de manejarse y resolver situaciones conflictivas, desacuerdos y de controlar sus emociones y de esa manera, será mucho menos probable que los niños  sean violentos o víctimas de violencia.

Adaptado de comohacerpara.com, vix.com, guíainfantil.com



miércoles, 1 de marzo de 2017

Artículo: ACEPTAR LA VULNERABILIDAD NOS HACE FUERTES

  
“Quizá nuestro dolor nos esté mostrando que necesitamos fijar un límite, que estamos yendo en dirección equivocada o quizá esté disparando un profundo proceso curativo. Está bien sentirnos heridos, llorar, curarnos” Melody Beattie
Yo creo que fueron muchas las veces que en nuestra infancia nos habrán dicho: “No llores, no pasa nada”, “Cuando dejes de llorar te compro…”, “Llorar no es de fuertes”.  Si eres varón seguro escuchaste: “Los niños no lloran”. 
Con estas frases creció en el fondo de cada uno de nosotros una necesidad poco saludable que nos indica que debemos ser capaces de ser “fuertes”, reprimiendo nuestro llanto, nuestra angustia, pena, preocupación, dolor…, escondiendo nuestra vulnerabilidad y el pensar que somos capaces de soportarlo todo como  “superhéroes”.  Se ha creado en nosotros una especie de miedo y rechazo al dolor. Sin embargo ya no somos niños, somos adultos y es nuestra tarea buscar las herramientas necesarias para enfrentar nuestras penas, dolores y angustias…, sin que esto signifique escapar de ellas.
“Hoy no tenemos por qué temerle tanto al dolor. Éste no tiene por qué agobiarnos. Nos estamos volviendo bastante fuertes para manejar nuestros sentimientos cuando nos sentimos lastimados”. Melody Beattie
A veces podemos sentir que el miedo, la angustia, la inseguridad, la tristeza nos invade, pero no los dejamos expresar porque cuando éramos niños quizás no nos dieron esa libertad. Es por ello que ahora como adultos nos lo hacemos a nosotros mismos, acallando a ese niño interior asustado, inseguro, triste que quiere expresarse, pero ahora somos nosotros quienes no lo dejamos.  Aguantándonos, evadiendo, huyendo, luchando para no aceptar que somos vulnerables. Tenemos nuestros días en los que lo único que queremos es llorar, donde nos sentimos afligidos, pero no nos permitimos expresarnos con libertad.
No eres una  “superwoman” ni un “superman” que pueden con todo.  Somos vulnerables, hay cosas que nos hacen daño, que nos agobian, que nos emocionan, que nos afectan. Si queremos llorar, lloremos,  no le demos la espalda a esos sentimientos.
“Al mal tiempo buena cara”.  Para mí este dicho significa tener la capacidad de permitirte experimentar con plenitud todas tus emociones, que cuando tenemos una dificultad somos fieles a nosotros mismos permitiéndonos el regalo de sentir,  porque si lloro un día no le hará mal a nadie, menos a mí. Significa sacar un aprendizaje de nuestros momentos no tan buenos, sin que esto signifique negarme la posibilidad de sentir mi dolor, de sentirme vulnerable.
 Las emociones se vuelven negativas no cuando permitimos expresarlas, sino cuando en esa expresión nos desbordan de tal manera que interfieren de manera negativa en nuestra vida por falta de herramientas para su regulación. No es lo mismo llorar un día porque me despidieron del trabajo, permitirme sentir la rabia, la decepción, la frustración que esto me pudo originar, que pasar llorando un mes por la misma situación y no poder superarlo.
El mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos es permitirles expresar sus sentimientos libremente sin restricciones. Cuando tengan ganas de llorar que lloren, cuando quieran reír que rían…Nuestra tarea como padres y guías es y será cobijarlos, apoyarlos, acompañarlos, sostenerlos; darles las herramientas para que puedan expresar estas emociones sin que lleguen a hacerse daño a sí mismos ni a los demás, darles las herramientas para su regulación. Ojalá llegue el día en que las frases: “No llores, no pasa nada”, “Los niños no lloran”, “Llorar es de niñas”, y otras cuantas más queden eliminadas de nuestro vocabulario.
Que no nos de miedo que nuestros hijos nos vean llorar, no nos escondamos, si ellos ven que nosotros aceptamos estas emociones lo harán ellos también. Junto con esto expliquémosles que la gente también llora por diversos motivos y que el sentir pena, dolor, tristeza, miedo es válido. Esto les permitirá aceptar sus emociones, el llanto en este caso como algo natural, algo de lo que no hay que avergonzarse. Y el día de mañana les ayudará a gestionar y regular sus emociones de manera saludable.  Se permitirán sentir en plenitud, sin esconder ni rechazar lo que sienten. Aceptarse con sus miedos, aflicciones…, ser auténticos.
Enseñémosles a ser fuertes permitiéndoles que acepten y abracen su vulnerabilidad…
“Estar en recuperación no significa ser inmune al dolor; significa aprender a cuidar amorosamente de nosotros mismos cuando nos sintamos dolidos”. Melody Beattie

Las citas de Melody Beattie aparecen en el libro: “El Lenguaje del Adiós”