lunes, 14 de noviembre de 2016

Artículo: ¿CÓMO ACTÚO Y REACCIONO ANTE LAS SALIDAS, FIESTAS, OCIO Y DIVERSIÓN DE MIS HIJOS?

A medida que van creciendo, nuestros hijos nos piden permiso para salir y divertirse con los amigos. Cada vez más pronto nos piden salir por las noches y disfrutar del ocio/diversión nocturna.
Como padres tenemos miedo de que al salir puedan enfrentarse o iniciarse en el consumo de drogas, cigarro y alcohol y, como padres debemos reflexionar sobre la edad en la que queremos dejarlos salir, sin sentirnos presionados por sus insistencias y el típico argumento de que los padres de sus amigos ya les dan permiso y nosotros aún no estamos de acuerdo.
El alcohol está muy presente en el ocio/diversión de los adolescentes. La visión de estas bebidas alcohólicas como algo inocuo y que no produce daño está muy extendida entre los jóvenes, que inconscientemente se inician en su consumo antes de lo que deberían.
Muchos padres creen que sus hijos no toman o si toman no se emborrachan o si se emborrachan no hacen nada malo… Sin embargo, aunque no todos toman, ni todos se emborrachan, algunos son más vulnerables que otros y tu hijo puede ser uno de ellos.
Cada vez  hay más investigaciones que afirman que aproximadamente la mitad de los jóvenes se inician en el hábito de beber y fumar antes de los 16 años; así como estudios sobre padres que les dan a probar alcohol a niños-jóvenes durante reuniones familiares y que tratan de determinar si esta costumbre tiene algún efecto en la relación posterior del joven con el alcohol.
John E. Donovan, profesor de psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh, afirma que con base en los resultados de varias investigaciones “las probadas de alcohol en la infancia están relacionadas con un inicio temprano del consumo, lo cual es un factor de riesgo para muchos otros problemas de conducta”; además, están relacionadas con excesos alcohólicos y drogadicción. Concluye que “los padres no deben ofrecer alcohol a sus hijos”.

¿Les suena conocida la frase “Que aprendan a beber conmigo”? La mayoría de los padres piensan que  es correcto que sus hijos empiecen a beber en casa porque piensan que es una oportunidad de enseñarles a tomar, de observar cómo reaccionan, de detectar qué tal les cae el alcohol y de evitar que se sobrepasen. Según la Dra. Wadolowski, epidemióloga e investigadora de postgrado en la Universidad de Nueva Gales del Sr en Australia, existe otro grupo de padres que al notar que los amigos de sus hijos se drogaban o tomaban alcohol se vuelven más propensos a ofrecer pruebas de alcohol en casa a sus hijos.
Estas erradas ideas animan a los padres a apoyar las fiestas de sus hijos en casa con alcohol incluido, aunque están conscientes de que estén actuando fuera de la ley.

Es importante saber que hay estudios que confirman que  los adolescentes que tienen “permiso” para beber en casa tienen mayor riesgo de beber fuera de casa y de desarrollar problemas serios. Así mismo varios trabajos de investigación concluyen que el momento de probar el alcohol parece decisivo a la hora de establecer el riesgo de alcoholismo.  Por lo tanto los padres no deben patrocinar la bebida, ni adentro ni afuera de casa.
Los padres tenemos que revisar qué valores estamos transmitiendo a nuestros hijos, cada vez más infantiles en la toma de decisiones trascendentes en la vida y que, sin embargo, se obsesionan por ser adultos antes de tiempo.
Estamos generando un mundo contradictorio en el que estamos invitando a nuestros hijos a ser eternos adolescentes hasta bien entrada la treintena, para que disfruten, porque ya tendrán tiempo de sufrir, y al mismo tiempo los vestimos y tratamos como adultos y les organizamos fiestas de cumpleaños con atracciones y diversiones no acordes a su edad.
Pareciera que los adolescentes del siglo XXI están condenados a dos opciones: el aburrimiento de su casa o el aburrimiento de la calle. En el de casa, los jóvenes lo llenan con horas frente a la computadora o videojuegos y el de la calle, con horas de alcohol y otras sustancias.

Nos encontramos con que los ambientes en los que crecen nuestros hijos tienen una oferta ilimitada de aquello que está mal. Por ejemplo, cualquier menor con pinta de mayor puede comprar su propio alcohol en cualquier tienda sin mostrar su identificación  y sin importarle al vendedor, quién cae en un coma etílico, ya que la decadencia de los valores hace que piense que ese no es su problema.
Los costos y efectos de consumo a una edad temprana son altos. Hay que reaccionar y romper con la tolerancia social hacia el alcohol y cualquier tipo de sustancia estupefaciente. No podemos “tomarnos” esto a la ligera porque las consecuencias son mucho más pesadas de lo que nos podemos imaginar.   
El más grave de los efectos negativos que apunta  La Asociación Española de Pediatría AEP, dado que su cuerpo aún no se encuentra en plena madurez, quizás sean los daños cerebrales que provoca el alcohol. Estos a su vez se traducen en trastornos de aprendizaje y fallos en la memoria que afectarán a la vida académica del adolescente y alteraciones en la conducta del menor. Problemas que se agravarán con el paso de los años y afecta o destruye la edad madura y adulta de ese joven de hoy.

Debemos Reflexionar.
Casi todos los padres, en teoría pensamos que lo ideal es que nuestros hijos respeten la edad legal para comenzar con el consumos, pero en la práctica patrocinamos la bebida sin importarnos las consecuencias legales y olvidándonos de las consecuencias y riesgos a corto, mediano y largo plazo a los que nuestros hijos se someten.


Fuentes:  Serpadres.es /Hacerfamilia.com /

The New York Times.es /Vanguardia Educativa

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